Lex orandi, lex credendi (significa "la ley de lo que se debe orar es la ley de lo que se cree")
es un lema en la tradición cristiana, lo que significa que la oración y la creencia son integrales
entre sí y esa liturgia no es distinta de la teología. Se refiere a la relación entre adoración y
creencia. Como principio cristiano antiguo, proporcionó una medida para desarrollar los credos
cristianos antiguos, el canon de las Escrituras y otros asuntos doctrinales. Se basa en los textos
de oración de la Iglesia, es decir, la liturgia de la Iglesia. En la Iglesia Primitiva, existía una
tradición litúrgica antes de que existiera un credo común, y antes de que existiera un canon
bíblico oficialmente sancionado. Estas tradiciones litúrgicas proporcionaron el marco teológico
para establecer los credos y el canon.
De esto se deriva el altísimo valor que poseen los textos litúrgicos pronunciados en la divina
liturgia. Ellos son una fuente de referencia primera de la fe de la Iglesia.
Antes incluso de la formulación de los distintos dogmas, precisando el contenido de la fe
ortodoxa, la fe se hallaba ya celebrada y cantada por oraciones, himnos y plegarias de la
Iglesia, así como por los ritos con los que se celebra.
Por esto es de vital importancia que celebremos la liturgia apropiadamente, si cualquier
sacerdote o laico cambia la liturgia el pueblo va deformando su fe. Hasta convertirse no
en la fe de la iglesia, sino en la fe de un individuo.
Tristemente esto fue lo que paso con la nueva misa (novus ordo), se cambio completamente
la liturgia para hacerla más protestante. El problema al hacer eso es que los que hemos
asistido a esta misa nos hemos hecho también en cierto grado protestantes. Y no estamos
hablando de validez de sacramento, ese es tema aparte, solo estamos tratando el tema de
lo que provoca en el pueblo de Dios el cambiar la forma en que damos culto. La misa antigua
(vetus ordo), tiene mucho más notoriamente en el centro el sacrificio de Cristo. En cambio
la misa nueva tiene en el centro el banquete. Recordemos que hasta antes de Martín Lutero
el fundador del protestantismo no existía la palabra banquete para referirse a la misa.
El hecho de que a la gente ya no le parezca raro recibir a Cristo sacramentado en la mano,
habla mucho de como nuestros actos exteriores reflejan nuestro interior. Si realmente
creyéramos que es Cristo en el sacramento, nos arrodillaríamos y nos sentiríamos
completamente indignos de recibirlo. Pero al recibirlo en la mano, la reverencia se va
perdiendo y esto provoca que creamos que es solo un símbolo. Así la misa nueva va
deteriorando nuestra fe.
Si tu ves que alguien se hinca, para recibir a Cristo, no es porque se crea un santurrón,
sino todo lo contrario, porque ante Cristo toda rodilla se debe doblar en el cielo y en la tierra.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario